TEMAS ─ POR JOSE VICENTE G.

29.5.13

HACE FALTA VALOR PARA ARRIEGARSE A SER ORIGINAL


Historia real, de José Vicente Gómez S.

Cuando estuve en 4to grado de bachillerato en el Instituto Técnico Superior Dámaso Zapata, por tarea tuve que cumplir con el encargo de leer al famoso épico griego, HOMERO. Y me aburrió. Y, casi que a manera de confesión, en los pasillos del instituto les comentaba a mis amigos de más confianza que yo no estaba de acuerdo con lo que decían los profesores de literatura, en el sentido de que el mundo de las letras declaraba que HOMERO era el mayor poeta épico que hubiere existido y que en consecuencia había que alabar sus virtudes literarias y, lo que era peor, había que disfrutar con sus obras que eran símbolo del periodo helenístico. Pues, justamente, era lo que yo no había logrado hacer: disfrutar con esas obras.

Repetidas veces intenté leer en forma completa La Iliada y La Odisea y siempre se me caían esos libros de las manos en el mismo momento en que cabeceaba. Pero, ante mis superiores académicos, tuve que callar ese desencanto. ¿Cómo declarar que HOMERO me aburría cuando toda la gente culta disfrutaba con sus obras (o, al menos, así lo decían) y proclamaban que era la más bella epopeya que jamás escribiera la mano del hombre? Algo no andaría bien en mí si discrepaba de la opinión universal de todos los hombres conocedores de letras. Al parecer algo me faltaba porque yo no podía llegar a apreciar a HOMERO como los demás lo hacían; y así disimulé, asentí con la cabeza y guardé un discreto silencio cuando profesores y prefectos comentaban y alababan al gran poeta. Yo no veía nada donde los demás veían maravillas. ¿Tendría algún defecto en mi cerebro...? No; mis ojos y mi cerebro estaban bien sanos y mi gusto literario era auténtico, solo que era diferente. Y HACE FALTA VALOR PARA SER DIFERENTE EN UNA SOCIEDAD QUE AMA LA UNIFORMIDAD Y RECOMPENSA EL CONFORMISMO. Pero era chico y tuve que guardar secreto en procura de no poner en riesgo mi nota en literatura.

Pasaron dos años largos y se aproximó el día de mi grado como bachiller, y fui el designado de preparar un discurso de despedida, el cual nunca pude pronunciar porque un disturbio cívico y una rebelión estudiantil produjeron la cancelación de la ceremonia especial de grados a solo tres o cuatro días de la esperada fecha. Y me quedé con las ganas de leer mi discurso juiciosamente preparado en el que, en su parte final, después de elogiar varios aspectos de la institución, terminaba declarando públicamente lo siguiente, refiriéndome a las obras de HOMERO: "...mi conciencia se verá aligerada si, antes de irme de este prestigioso colegio, puedo expresar con toda candidez mis discrepancias respecto del sentir común de la humanidad. Respeto el juicio de los siglos y honro la opinión de los sabios, conozco el veredicto de los críticos y el gusto de la gente entendida; pero también conozco mis propios gustos y mis convicciones personales, y me atrevo a declarar, sin arrogancia y sin ánimo de ofender a nadie, que HOMERO me aburre. No veo porque he de decir que veo lo que no veo y siento lo que no siento. Al contrario, creo que puedo contribuir más a la riqueza de pensamiento expresando mi honesto desacuerdo que despedirme de aquí, respetados profesores y Hermanos Lasallistas, llevándome un forzado acuerdo".

En la vida práctica, lo que yo tenía planeado decir en mi discurso resulta incómodo para la mayoría de las personas en las diferentes situaciones y conceptos de la vida social, les sale más sencillo afirmar, como todo el mundo, el equivalente a que HOMERO es fantástico y sus obras lo mejor que existe así no las conozcan ni tengan idea de qué tratan.

Nos adaptamos a lo que todos hacen y a la opinión de todos, porque nos resulta cómodo y seguro; y una vez que nosotros nos hemos adaptado, nos gusta que los que vienen detrás también se adapten, para que podamos seguir sintiéndonos cómodos y seguros en su compañía. Sigue la corriente, haz lo que todos hacen y piensa como todos piensan. Júntate al grupo y verás lo que el grupo ve, y llegarás a donde el grupo llega que es lo que satisface a la mayor parte de la gente en fácil conformismo... pero deja inquietos los ojos de quienes pueden ver más y los pies de quienes quieren ir más lejos o por camino diferente.

En toda ciudad de alguna importancia se puede ver grupos de turistas que van juntos, de monumento en monumento, con el práctico acuerdo de un itinerario fijo, un programa diario y un precio común para todos. Todos siguen al guía que les explica la historia de lo que ven y el sentido de lo que oyen. Todos miran a la derecha cuando les dice que miren a la derecha, y a la izquierda cuando el guía señala la izquierda, con murmullo unísono de aprobación sumisa. A veces, cuando se apartan a pie del refugio de su auto bus, el guía levanta una banderita para que todos la vean y puedan seguirla sin perderse por los rincones de una callejuela o las galerías de un museo. El grupo va siempre junto y nadie se separa. Siguen su programa día a día. Todos vuelven sanos y salvos con una colección de fotos y recuerdos para comprobar que viajaron y presumir el viaje.

Muy cómodo, desde luego. Pagado y programado de antemano y por esta razón, 'común y corriente', cotidiano y usual. Las postales son las mismas para cada turista, los recuerdos son los mismos y sabidos.

Aceptable para un paseo. Pero resulta que para la mayor parte de la gente, la vida no es más que un tour organizado como por una agencia de viajes. Miran a donde les dicen que tienen que mirar, y ven lo que les dicen que tiene que ver. Van a donde les llevan y se quedan allí hasta cuando les dicen. Obediencia voluntaria a un plan pre-programado. "Miren a su derecha; miren a su izquierda". Unísono de cabezas en concierto de ideas. "Estudia lo que la sociedad dice que vale la pena estudiar", "aprende lo que te dicen que aprendas", "aprecia lo que te dicen que aprecies", "busca lo que te dicen que busques", "aplaude cuando todos aplauden", "sonríe cuando todos sonríen"; "no hagas preguntas y no seas indiscreto". "No pierdas de vista la banderita y no te extraviarás". "No importa que te pierdas el gozo del descubrimiento y la experiencia personal de la maravilla de la vida".

Por fortuna, aún hay puertas abiertas y caminos libres para aquellos que quieran explorar la vida por su cuenta, viajar por caminos infrecuentes y dejarse sorprender por las aventuras de la mente y los horizontes del gusto y del placer.

Quien no haya descubierto tierras nuevas por sí mismo no verá con buenos ojos que otros las descubran. Más bien verá en ello un reproche a su pereza mental y un desafío a su propia inercia. La gente que no cambia no suele permitir a los demás que cambien, no tolera fácilmente el cambio en los demás. Así como se oponen al cambio, la sociedad se anquilosa y las ideas envejecen. En una tal atmósfera hace falta valor para arriesgarse a ser original y proclamarse diferente. La mayoría de la gente prefiere el silencio a la confrontación.

¡He dicho!

28.5.13

BIEN, HIJO MÍO, ES HORA DE IRNOS


Hoy en día hay un gran intercambio de archivos adjuntos dentro de los mensajes electrónicos; circulan con propósitos jocosos o porque, a juicio del remitente, la información o el material es interesante. Hace unos tres meses me llegó una presentación en PPS, conteniendo un cuento, anónimo por cierto; aunque, por su tonelaje, deduje que se trataba de una fábula derivada de alguna fuente de erudición filosófica. Dado que comparto el espíritu de su mensaje, aquí les quiero participar el dichoso cuento:

Un hombre murió intempestivamente… Al darse cuenta, vio que se acercaba Dios, quien llevaba una maleta consigo… y le dijo:

‒ Bien, hijo mío, es hora de irnos.

El hombre aterrorizado y asombrado le preguntó a Dios:

‒ ¿Ya?.. ¿Tan pronto?... Tenía muchos planes…

‒ Lo siento hijo… pero es el momento de tu partida.

‒ ¿Qué traes en esa maleta?

‒ Tus pertenencias…

‒ ¿Mis pertenencias?... ¿o sea mis cosas, mis ropas, mi dinero?

‒ Lo siento hijo, las cosas materiales que tenías en verdad nunca te pertenecieron… eran de la tierra…

‒ ¿Traes mis recuerdos?...

‒ Lo siento hijo, esos ya no vienen contigo; nunca te pertenecieron, eran del tiempo…

‒ ¿Traes mis talentos?...

‒ Lo siento hijo, pero esos nunca te pertenecieron, eran de las circunstancias…

‒ ¿Entonces traes a mis amigos y a mis familiares?...

‒ Lo siento hijo, ellos nunca te pertenecieron, eran del camino…

‒ ¿Traes a mi mujer y a mis hijos?...

‒ Lo siento hijo, ellos nunca te pertenecieron, eran de tu corazón y tu corazón en este momento se está deteniendo…

‒ ¿Y entonces?... ¿traes mi cuerpo?...

‒ Lo siento hijo, ese nunca te perteneció, ese era del polvo…

‒ ¿Entonces traes mi alma?...

‒ Lo siento hijo, pero ella nunca fue tuya, era mía…

El hombre lleno de miedo y pavor, se ofuscó y bruscamente le arrebató a Dios la maleta. Y, al abrirla… …se dio cuenta que estaba vacía. Con copiosas lágrimas de desamparo brotando de sus ojos, el hombre, entre gimoteos y sollozos, le preguntó a Dios:

‒ Y aún con tanto que afanosamente trabajé y acumulé ¿nunca tuve nada?...

‒ Si, hijo mío, si tuviste… CADA UNO DE LOS MOMENTOS QUE VIVISTE FUERON TUYOS, SOLO TUYOS.

Moraleja:

La vida está hecha de momentos, todos tuyos, únicamente tuyos. Disfrútalos en su totalidad… Vive el ahora, vive tu vida; vive la valiosa oportunidad de tu presente. Y no te olvides de ser feliz. Y, siempre, recuerda que nada te llevarás.

27.5.13

JOYA HISTÓRICA – DISFRÚTENLA


Sé que muchos no comulgan con mi pensamiento; pero aun así, sigo convencido que una de las mejores cartas de presentación, de elegancia, y de evidencia de cultura, de cualquier persona, es una buena redacción; caracterizada por la claridad en la exposición de las ideas, un fluir lógico y ordenado en la aparición de las mismas, una refinada composición de las frases y, lo más importante: excelsitud en la puntuación y la ortografía.

Desde luego que es fácil esconderse tras la supuesta “moda”; en el sentido de que lo “Inn” es escribir lo más erróneamente posible. De pronto, “funciona” para un chat o cosas parecidas; y, ahí, se esconde disimuladamente la verdadera mala ortografía, puntuación, etc.

Pero, hay momentos, escenarios y circunstancias de la vida en las que, definitivamente, de una mala o buena redacción, depende la pérdida o la ganancia de un conflicto, de un negocio, de un buen e importante puesto laboral, de un influyente ascenso jerárquico… incluso y en algunas oportunidades, hasta de la consecución de un amor que realmente valga la pena.

Ojalá uno (en mi caso particular, yo) tuviera siquiera un asomo de la extraordinaria capacidad de redacción que algunos célebres y brillantes personajes han tenido y en quienes, obviamente, esa eminente escritura contribuyó a sus logros y a sus distinciones.

SIMÓN JOSÉ ANTONIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD BOLIVAR Y PALACIOS DE AGUIRRE, más conocido como SIMÓN BOLIVAR, es uno de los ilustres del pasado que más admiro por su exquisita forma de redactar. Hay muchas cartas y escritos de él, que son considerados joyas de la literatura hispana.

Murió el 17 de diciembre de 1830, luego de irse debilitando poco a poco en una penosa travesía que hizo por el Río Magdalena. Llegó a Santa Marta el 1° de diciembre de 1830, prácticamente en estado de postración.

El 6 de diciembre, gravemente enfermo, con todas sus capacidades disminuidas, escribió de su propio puño –no tenía escribano- una carta de amor, que no fue precisamente para MANUELITA; sino para su prima FANNY, a quien siempre amó.

Y aún, en esas precarias condiciones, no perdió su resplandor para redactar. Su elocuente retórica, a mi juicio, ya debía hacer parte de su estructura mental… para él era normal escribir así:

(transcipción textual de la carta)

Santa Marta, diciembre 6 de 1830.

Querida prima:

¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro?

Ha llegado la última hora; tengo al frente el Mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805.

Por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz.

Y tú estás conmigo, porque todos me abandonan; tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia.

¡Adiós Fanny! Esta carta, llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó las tuyas en las horas del amor, de la esperanza, de la fe.

Esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; esta es la letra escrita del decreto de Trujillo y del mensaje del Congreso de Angostura.

¿No la reconoces, verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante.

Si yo hubiera muerto en un campo de batalla frente al enemigo, te dejaría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado en los campos de un sol de primavera.

Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores, víctima de un inmenso dolor; presa de infinitas amarguras. Te dejo el recuerdo de mis tristezas y lágrimas que no llegarán a verter mis ojos.

¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda?

Estuviste en mi alma en el peligro, conmigo presidiste los consejos del gobierno, tuyos son mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también mi último pensamiento y mi pena final.

En las noches galantes del Magdalena vi desfilar mil veces la góndola de Byron por las calles de Venecia, en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú; porque tú flotabas en mi alma mostrada por las níveas castidades.

A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las últimas congojas apareces ante mis ojos de moribundo con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz escucho las dianas de Junín.

Adiós, Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, risas y alegrías se hunden en la nada, sólo quedas tú como ilusión serafina señoreando el infinito, dominando la eternidad.

Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse en el vacío.

SIMÓN JOSÉ BOLIVAR.

26.5.13

LA TACAÑERÍA


La persona tacaña no sufre de enfermedad psicológica alguna; ni, dentro de los factores que generan su tacañería, juegan papel alguno sus genes. La mayoría de las veces corresponde, sencillamente, a un comportamiento aprendido que hace parte de la estructura de su mentalidad y de su personalidad. En psicología, a estas personas se les denomina “CONTENIDAS EMOCIONALES”. Esa contención o tacañería suelen no reflejarla únicamente en la parte monetaria, sino igualmente en el campo afectivo, pues también son CONTENIDAS AFECTIVAS. La persona tacaña, que de por sí es muy egoísta, es poco dada a entregar afecto. Incluso, puede llegar (sin proponérselo) a lesionar el autoestima de su pareja porque su comportamiento íntimo gira alrededor de “no dar”, sino solo recibir (caricias, afecto, atenciones, etc.).

La persona tacaña, desafortunadamente, carece de facilidades y desenvolturas para disfrutar la vida y degustar los buenos momentos presentes. Casi siempre vive pensando y temiendo en un mañana con escasez y sin dinero. El gastar, así sea para su propia comodidad o placer, le produce gran dolor. No ven el bienestar como inversión sino como “amargos gastos que no estaban presupuestados”. La poca ropa la cambian solo cuando su mal estado es evidente, así tengan importante cantidad de dinero en el banco. Si la EPS no les suministra una determinada droga, aun disponiendo de dinero, prefieren continuar enfermas. Es como si nunca hubiesen escuchado el refrán “uno se muere y nada se lleva”.

El comportamiento compulsivo de cicatería (tacañería) no está asociado con pobreza o con las clases menos favorecidas; se presenta en cualquier nivel porque es una cuestión mental. Incluso, en la historia existen segmentos que hacen referencia a personas con gran poder económico y político pero que, en todo, actuaban con extrema codicia y mezquindad, como fue el caso de TIBERIO CLAUDIO (Emperador Romano). También, entre muchísimos megatacaños famosos no tan antiguos, se puede citar a JAEN PAUL GETTY, multimillonario estadounidense (murió en 1976), apodado –popularmente- como “el hombre más tacaño del mundo” (tenía tele-monederos públicos en la sala de su casa para que sus invitados pagaran por sus llamadas). Según el libro de Guiness, la persona más tacaña del mundo fue el millonario HATTY GREEN, quien pasó varios de sus últimos años en silla de ruedas por negarse a pagar una cirugía que, en su época (1916), le costaba 150 dólares (su fortuna superaba los 200 millones de dólares).

La persona tacaña vive justificando su roñoso comportamiento. De esa manera, en su interior, cada vez lo refuerza más. Pero, siempre, para sus familiares, amigos y conocidos, resulta incómodo y fastidioso su proceder, pues en todo momento utiliza viejas y gastadísimas maniobras estratégicas en procura de que los demás sufraguen o financien sus gastos sociales, sus comidas, sus entradas, sus salidas, sus paseos, etc… No obstante, el sujeto tacaño piensa que su comportamiento está bien, y así lo asume, como algo normal o correcto para él.

A nivel familiar el tacaño resulta ser un elemento de bastante incomodidad; pues, día a día y permanentemente, emplea justificaciones para fundamentar su mezquindad o su avaricia, llegando, a veces, a extremos increíbles, asumiendo y poniendo exageradas normas de escatimo y de ahorro extremo.

No es mucho lo que se puede hacer en favor de un(a) tacaño(a) para que corrija ese comportamiento; es una conducta casi incurable por medios externos. La única forma de superarla es:
1°) mediante el auto-convencimiento del error, en el sentido de aceptar que es algo malo que a nada bueno le lleva, y
2°) a través del esfuerzo personal por superarlo, siendo consciente que están dejando de disfrutar el presente e incomodando a sus allegados, por estar guardando para cuando ya no pueda disfrutar esos ahorros.
Existe también el tacaño aureolado o fulgurado (es otro espécimen). Es quien en la casa, con su esposa, con sus hijos y con sus familiares es súper tacaño y mísero; pero, por el contrario, con sus amigas, con sus amistades o en ciertas reuniones públicas, se muestra enormemente dadivoso y obsequioso. Se da en quienes, aparte de tacaños, sienten gran necesidad de reconocimiento y, para ello, aparentan una tremenda solvencia, lo cual es un derivado de la carencia de una sana autoestima.

Es importante tener claro que “NO SER TACAÑO” no debe ser sinónimo o equivalente a ser un profuso malgastador y despilfarrador. No… la persona normal puede ser austera, sobria y prudente con el dinero; incluso ahorrar para un proyecto que tenga en mente; pero sin necesidad de ser mezquina ni avara, y sin estar esperando que los demás sean quienes les cubran sus gastos y paguen todas las cuentas sociales.

Definitivamente tiene sabiduría el adagio popular que señala así el colmo del tacaño: “Esconderse a comer mocos para que nadie le pida”.

25.5.13

CON FRASES COMO "SI ÉL PUEDE YO TAMBIÉN..." VIVIREMOS LA VIDA SEGÚN LO QUE LOGRAN LOS DEMÁS


DEFINITIVAMENTE EL MUNDO ES INJUSTO. PERO DEJEMOS DE LLORAR POR ESO Y TRABAJEMOS POR NOSOTROS, METAMOS EL HOMBRO Y EMPUJEMOS EN PRO DE NUESTRAS VIDAS Y DE LAS VIDAS DE LAS PERSONAS QUE DE NOSOTROS DEPENDEN.

Si el mundo estuviera tan organizado que todo tuviera que ser justo, no habría criatura viviente que pudiera sobrevivir ni un solo día. A los osos se les prohibiría comer salmones, y habría que atender a los intereses personales de todos los seres humanos.

Estamos condicionados a buscar justicia en esta vida; y cuando no lo conseguimos sentimos enfado, ansiedad o frustración. En realidad tendríamos el mismo éxito si buscáramos la fuente de la eterna juventud o algún otro mito por el estilo.

La justicia no existe. Nunca ha existido y jamás existirá. Simplemente el mundo no ha sido organizado de esa manera.

Las águilas comen conejos. Eso no es justo para los conejos. Los tiburones comen focas, lo cual no es justo para las focas. El puma mata zorros. Los zorros matan y comen comadrejas. Las comadrejas matan ratones. Los ratones matan... No tienes más que observar la naturaleza para darte cuenta de que no hay justicia en este mundo. Los tornados, las inundaciones, los maremotos, los tsunamis, las sequías, todos esos fenómenos son injustos.

Este asunto de la justicia es un concepto mitológico. El mundo y la gente que vive en él son injustos todos los días. Tú puedes escoger ser feliz o ser desgraciado, pero esta elección nada tiene que ver con la falta de justicia que veas a tu alrededor.

Esto que aquí escribo no es un punto de vista amargado de la humanidad y del mundo, expuesto por JOSÉ VICENTE GÓMEZ; sino que, más bien, es un informe realista sobre lo que es el mundo. La justicia es un mero concepto casi imposible de aplicar, en especial en lo que se refiere a tus propias opciones de realización y felicidad personales. Pero muchos de nosotros tendemos a exigir que la justicia y la equidad sea parte inherente de nuestras relaciones con los demás. Y la gente suele pensar cosas como estas: "No es justo", "Tú no tienes derecho a hacer eso si yo no puedo hacerlo", "¿por qué él tiene un buen auto y yo no?", "¿por qué ella es alta y yo no?".

Éstas son las frases que usamos. Queremos justicia y usamos su carencia como justificación para la infelicidad. La exigencia de justicia no es un comportamiento neurótico. Sólo se convierte en un problema cuando te castigas a ti mismo con una emoción negativa al no poder ver la justicia que exiges. En este caso el comportamiento autofrustrante no es la exigencia de justicia, sino la amargura que puede generar esa realidad sin justicia.

Nuestra cultura promete justicia. Los políticos se refieren a ella en todos sus discursos. "Necesitamos igualdad y justicia para todos".  Sin embargo día tras día, más aún, siglo tras siglo, la falta de justicia continúa. Pobreza, guerras, pestes, crímenes, prostitución, drogas, enfermedades y asesinatos siguen sucediendo generación tras generación tanto en la vida pública como en la privada. Y si la historia de la humanidad puede servirnos de guía, seguirán sucediéndose. La injusticia es una constante en la vida.

El sistema legal promete justicia. "La gente exige justicia", y hay personas que incluso trabajan para que así sea, para que haya justicia. Pero generalmente no sucede. Los que tienen dinero no son condenados. A menudo los jueces y los policías se venden a los poderosos. Un presidente y un vicepresidente de un determinado país son perdonados o despedidos con una leve reprimenda después de haberse demostrado que eran culpables de graves actividades delictivas. Los pobres llenan las cárceles y no tienen casi la menor posibilidad de golpear al sistema. No es justo. Pero es cierto. Richard Nixon fue exonerado y sus cómplices pasaron solo unos pocos meses en las mejores prisiones con todos los lujos, mientras que los pobres y los miembros de grupos minoritarios se pudren en las cárceles esperando la revisión de su causa, esperando una oportunidad.

La visita a cualquier tribunal de justicia o cuartelillo de policía, nos demostrará que para los poderosos e influyentes hay reglamentos especiales aunque las autoridades lo nieguen empecinadamente. ¿Dónde está la justicia? ¡En ninguna parte! Tu decisión de luchar contra ella puede ser admirable, sin duda, pero tu elección de dejarte perturbar por ello es algo neurótico y autoflagelante.

Una propuesta matrimonial hacia una dama, puede ser vista
como "injusta" por sus amigas solteronas.
La sed de justicia puede llegar a infiltrarse en tus relaciones personales y evitar que te comuniques eficientemente con las demás personas. El conocido lema "¡No es justo!" es una de las quejas más comunes (y destructivas). Para poder considerar que algo es injusto tienes que compararte con otro individuo o con otro grupo de individuos. Tu mente funciona más o menos así: "Si ellos pueden hacerlo, yo también entonces debo poder". "¡No es justo que tú tengas más que yo!", "pero si yo no pude hacer eso, ¿por qué lo vas a hacer tú?". En estos casos determinas lo que es bueno para ti basándote en la conducta o posesiones de otros. Ellos, no tú, están a cargo de tus emociones. Si te sientes perturbado porque no puedes hacer algo que otra gente puede hacer o ha hecho, es porque has dejado que sean ellos los que te controlen. Cada vez que te comparas a ti mismo con cualquier otra persona, estás jugando el juego del "No es justo" y trasladándote desde tu postura de confianza en ti mismo al pensamiento externo dirigido por terceros.

EL CONCEPTO DE JUSTICIA ES UN CONCEPTO EXTERNO; UNA MANERA DE EVITAR EL HACERNOS CARGO DE NUESTRAS PROPIAS VIDAS.

EN LUGAR DE PENSAR EN QUE LAS COSAS SON INJUSTAS, PODEMOS DECIDIR LO QUE REALMENTE QUEREMOS, Y PONERNOS A TRABAJAR LOS MODOS PARA LOGRARLO Y A LABRAR EN POS DE ELLO, INDEPENDIENTEMENTE DE LO QUE EL RESTO DEL MUNDO QUIERE O HACE.

EL HECHO ES QUE TODAS LAS PERSONAS SON DISTINTAS, Y NO IMPORTA CUANTO NOS QUEJEMOS Y RECLAMEMOS PORQUE LOS DEMÁS TIENEN MÁS QUE NOSOTROS, NO LOGRAREMOS NINGÚN CAMBIO POSISITVO PARA NUESTRAS VIDAS. NECESITAMOS ELIMINAR LAS REFERENCIAS O PUNTOS DE COMPARACIÓN VENIDOS DE FUERA Y TIRAR LOS PRISMÁTICOS CON QUE ENFOCAMOS LO QUE HACEN LOS DEMÁS. NADA PODEMOS HACER PARA EVITAR QUE UNAS PERSONAS TRABAJEN CON MENOS ESFUERZO Y GANEN MÁS DINERO; Y QUE OTRAS PERSONAS CONSIGAN ASCENSOS, FAVORES Y MEJORAMIENTO DE SUS POSICIONES SOLO POR CIERTOS FAVORITISMOS; Y QUE, MUCHAS VECES, INADVIERTAN A QUIENES SON MÁS HÁBILES Y EFICIENTES.

EL CASO ES QUE SI NOS ENFOCAMOS EN NOSOTROS MISMOS EN LUGAR DE COMPARARNOS CON LOS DEMÁS, NOS DAREMOS CUENTA QUE NO VALE LA PENA MOLESTARNOS POR LA FALTA DE EQUIDAD Y JUSTICIA. EL TELÓN DE FONDO DE CASI TODAS LAS NEUROSIS ES DEJAR QUE EL COMPORTAMIENTO DE LOS DEMÁS SEA MÁS SIGNIFICATIVO Y MÁS IMPORTANTE QUE EL NUESTRO PROPIO. SI NOS CASAMOS CON FRASES COMO "SI ÉL PUEDE HACERLO ENTONCES YO TAMBIÉN...", VIVIEMOS NUESTRAS VIDAS SEGÚN LO QUE PIENSAN Y CONSIGUEN LOS DEMÁS Y NO CREÁNDOLA NOSOTROS MISMOS A NUESTRA MANERA.

24.5.13

NO ERES NI MEJOR NI PEOR, SIMPLEMENTE ERES TÚ


1er caso:
Alguna vez entraron SEBASTIÁN y CHEPE al cine a ver una película de esas segundas partes que lanzan al mercado cuando una primera parte ha tenido éxito.
CHEPE, desde un comienzo, demostró estar disfrutando grandemente la cinta cinematográfica.
SEBASTIÁN había visto la primera parte y, al ver ahora la segunda, la iba comparando en la mente con la primera, llegando a la conclusión de que la buena había sido la primera. Así se lo dijo a su amigo CHEPE en el descanso a mitad de la película, y añadió:
‒ “Tú no viste la primera parte y por eso esta parte te parece divertida e interesante; pero para mí, que la vi, esta es solo una película mediocre y estoy aburrido”.
Quedó SEBASTIÁN sorprendido con la respuesta de CHEPE:
‒ “También yo vi la primera parte y me gustó mucho. ¡Y esta también está muy buena!, olvídate de aquella y métete en esta, y ya verás lo bien que la pasas”.
Había tal convicción en la voz de CHEPE y tal alegría en su rostro que SEBASTIÁN se rindió ante la evidencia, y volvió a entrar a la sala descartando prejuicios y precedentes. Entró a ver y a disfrutar… y disfrutó.
Antes de las palabras de CHEPE, SEBASTIÁN estaba dejando que la primera parte le hiciera sombra a la segunda; había dejado que la comparación destruyera la realidad, y con eso había perdido la capacidad de apreciar cada cosa en lo que vale.
2° caso:
JENNY y ALICIA van cenar a un buen restaurante: Ambas, piden el mismo plato. Cuando los platos han llegado y ellas empiezan a comer, se nota el gusto y el disfrute con que JENNY consume su alimento. Por el contrario y por su parte, ALICIA pone cara de amargura, mira a un lado y a otro y se nota en su rostro algún grado de tribulación y de impaciencia. 
Los platos eran pequeños y, pronto, JENNY termina su ración. Pero antes de que hablara para elogiar la sazón y el buen sabor del plato, irrumpe ALICIA: 
─ "No, mija... tú porque no habías venido antes. Este plato era mucho mejor, ahora lo dañaron; tal vez cambiaron de cocinero. ¡Hubieras conocido cómo preparaban esta plato antes! es que ni comparación, bla bla bla (lamentaciones y críticas)."
Cuando ya se calla, responde JENNY: 
─ "También yo había venido aquí antes y había comido este mismo plato al igual que tú, y en verdad el plato de antes era bueno, eso es innegable. Pero el de hoy estaba estupendo; había diferencia en la sazón pero aún así estaba exquisito, lo disfruté muchísimo, era otro concepto culinario; y tienes razón, yo también creo que cambiaron el cocinero, lo hubieron de haber reemplazado por un chef de talla internacional. Claro que si, mentalmente, me hubiese trasladado al pasado a tratar de revivir el plato anterior y a hacer comparaciones subjetivas y tontas en procura de ponerlo por encima en mi fantasía, hubiera dado al traste con este extraordinario momento y no hubiera podido disfrutar esta nueva sazón que, por cierto, tiene algo de estilo italiano". 
Los dos casos anteriores son típicos e ilustrativos de personas que son especialistas en dañar totalmente sus momentos presentes e intentar arruinar el de sus más allegadas personas. Y lo vuelven típico en sus rutinarios comportamientos, se les dificulta muchísimo vivir a plenitud el AQUÍ y el AHORA. Y todo por estar comparando, rebuscando en su cerebro momentos y situaciones que puedan imaginar y poner por encima del AQUÍ y el AHORA, para empezar a comparar y, así, demoler completamente la posibilidad de una feliz vivencia del presente real.

Y esa costumbre, manía o vicio de estar comparando, no solo es para confrontar o contrastar momentos y disfrutes, sino también para comparar aspectos grandes de sus vidas, con el equivalente en otras personas; y esto es aún más desastroso: compararse con los demás.

Por ejemplo: Hay mujeres que consideran su matrimonio un desastre, aunque su marido sea una persona excelente en todos los sentidos, solo porque su hermana menor se casó luego mejor todavía, y la sombra del cuñado extraordinario anula al marido bueno pero normal.

También existen estudiantes que reaccionan con poco entusiasmo cuando les felicitan por una buena nota en un examen importante, porque, aunque ellos han obtenido buena nota, alguien en la clase la ha sacado aún más alta, y eso les agua la fiesta y les quita el entusiasmo.

Por bien que te hayan salido las cosas, miras un poco a tu alrededor y pronto descubrirás a alguien que ha tenido un mejor logro o ha conseguido un mejor empleo, y así podrás quejarte y sollozar a gusto hasta la próxima ocasión en que, con un poco de práctica, detectarás rápidamente a quien lo haya hecho mejor que tú, y te podrás entregar inmediatamente al luto sin impedimento alguno.

Ya va siendo hora de que aprendamos a vivir nuestras vidas sin mirar comparativamente a otros, SIN EQUIPARARNOS, sin dejar que los éxitos, aplausos, superaciones o conquistas de los demás empañen nuestras alegrías.

Y ahora un corolario del anterior análisis, o una derivación: Si no debemos permitir que otros rijan nuestras vidas con sus éxitos o con sus fracasos, mucho menos hay que dejar que lo hagan con su juicio directo sobre nosotros. Todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión, y la gente lo hace con facilidad; el peligro surge cuando esa opinión es sobre personas concretas, y esas personas se enteran y se dejan influir indebidamente por lo que otros dicen. Es sano oír y enterarse de la crítica, pero no lo es el aceptarla ciegamente y dejarse abatir por la opinión de los demás. La gente es libre de emitir juicios (a veces atrevidos); pero, igualmente, los enjuiciados son libres de salvaguardar su libertad en el gobierno de su vida.

23.5.13

GENTE DE SEGUNDA MANO

Para muchas, muchísimas personas, siempre han sido desagradables los objetos de segunda mano. El solo hecho de que alguien los haya usado antes les hace parecer manchados, empañados, sin atractivo. El anuncio proclama: "¡Casi Nuevo!", con lo que solo se acentúa el hecho de que no lo es. El segundo dueño solamente consigue usar lo que otro ha usado antes. Será práctico y barato pero le falta sorpresa y emoción. Si nos ponemos un vestido de segunda mano, no podemos menos de pensar que nos hemos metido en la funda de otro. Sentimos que hemos perdido parte de nuestra personalidad al vestirnos con una prenda que antes ha vestido otro. Preferimos un vestido nuevo, aunque sea de inferior calidad, a uno prestado o heredado, por bonito que sea. Nuestro vestido es, de una manera externa pero clara y definitiva, parte de nosotros mismos, y queremos que toda parte de nosotros mismos sea nuestra; que toda parte de mí mismo, sea mía.

Y AHORA NOS ENCONTRAMOS CON QUE NO ES ASÍ. No se trata ya de que nuestro vestido sea prestado, sino que también lo son nuestras ideas, nuestros principios, nuestras creencias, nuestros gustos y nuestras convicciones. Lo que creíamos que era nuestro exclusivo y característico, resulta ser tan solo herencia vulgar y común. <<Yo no soy yo, hay poco de mí en mí mismo, soy de segunda mano. Lo que yo llamo mis ideas, no lo son sino que todas han sido antes de otros. Yo no las he discurrido por mi cuenta. Mis gustos son heredados, y si yo hubiera nacido en otra parte del mundo y bajo otra cultura, no me gustarían muchas cosas que ahora me gustan; en cambio, me encantarían cosas que ahora me desagradan>>. Somos un manojo de prejuicios, somos un paquete de conceptos prefabricados. Lo que llamamos en nosotros "Reacción Espontánea" no es más que la repetición de un hábito aprendido; y lo que consideramos genuino solo llega a parecérnoslo a fuerza de constantes ensayos. No somos originales sino manejados. Llevamos tanto tiempo con este traje prestado, que hemos llegado a creer que es nuestro.

Es bien sabido que una persona no puede criarse y desarrollarse por sí misma. La criatura humana no puede prescindir de influencias externas, y el intentar semejante cosa sería la más perniciosa de todas las pretensiones. Al niño hay que enseñársele un lenguaje y un modo de vida, hay que iniciarlo en las leyes y costumbres de la etiqueta y de la moral. No puede la persona partir de cero; por poner un ejemplo, no tendría sentido que alguien comenzara por inventar su propio sistema numérico para luego crear sus propias matemáticas. Se hace bien en aprovechar la sabiduría de los siglos y usar libros de texto para conocer el progreso de las matemáticas y demás ciencias hasta el día de hoy. El peligro está en que nos quedemos atascados en los libros de texto y en las enseñanzas que nos dieron, y no lleguemos a aportar algo original, algo creativo, algo nuevo al saber y a la experiencia de quienes nos han precedido. NECESITAMOS INVESTIGACIÓN PERSONAL SI ES QUE QUEREMOS ENCONTRAR NUEVOS CAMINOS.

El riesgo está en que, ya que cierta educación es necesaria, esta llegue a hacerse inviolable y sacrosanta. El sofisma disimulado está en cambiar el hecho de que "cierta" educación es necesaria, por la suposición de que "esta" educación es la necesaria e irremplazable y, así, lo que es un mero accidente histórico y circunstancial se hace tradición venerada. "Esta" es la manera correcta, y "aquello" no debe hacerse.

Se trata de una verdadera conspiración para no dejarme, a mí, ser yo mismo. Por nuestro bien, desde luego, y con la mejor intención del mundo, pero la trama adversa se teje sin cesar. Las personas que están más cerca de nosotros y las que más nos quieren nos han estado diciendo desde nuestra tierna infancia qué es lo que tenemos que hacer y qué es lo que tenemos que evitar, qué tenemos que pensar y qué tenemos que creer, qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Nos han dicho todo eso antes de que tuviéramos la oportunidad de averiguarlo por nuestra cuenta; y más que decírnoslo, nos lo han inculcado a través del ejemplo y la costumbre, de recompensas y castigos, de cariño y de miedo, hasta que han logrado establecer en mi conciencia, en nuestra conciencia, todo un código de deberes y obligaciones que ha de presidir nuestras acciones todo el resto de nuestra vida y nos hará sentirnos satisfechos cuando nos conformemos a él, y culpables cuando lo violemos... "Debes ser católico porque todos en la familia hemos sido católicos"; "Debes ser musulmán porque todos en esta comunidad lo son"; "Debes gustar del futbol y ser hincha de tal equipo porque tu padre y todos tus ascendientes lo han sido"; "Debes ser médico porque tradicionalmente en la familia han sido solo médicos"; "Debes tratar de aprovecharte y sacar el máximo provecho económico de los hombres, mujer, porque en tu familia tus ascendientes así lo hicieron"... etc.

La influencia de la familia en la formación de las personas es evidente y universalmente reconocida. Lo importante es caer en la cuenta de que la transferencia de valores se hace de manera inconsciente y precrítica. El niño o el púber no cuestiona, no evalúa, no juzga. <<Este es el camino verdadero porque es el que seguimos en la casa>>. Esa creencia, esa costumbre, esa preferencia, saltan automáticamente cuando se presenta el estímulo y hacen obrar o reaccionar a la persona de manera consabida, y nosotros casi ni somos ya responsables de ello. Han activado la cinta, han activado el programa, han activado el software que nos han digitado, eso es todo. Y el CD que contenía el programa lo habían puesto allí, otros. Es hora de revisar ya la colección de softwares o de CDs en mi mente, en nuestras mentes.

Si el niño hubiera nacido en otro sitio, habría aprendido chino en vez de español, y en vez del café de la mañana podría estar disfrutando un aperitivo de sangre coagulada entre los ganados de la estepa africana. Y si la niña hubiese nacido en otras lejanas tierras, de adulta en lugar de estar preocupada y celando la ultra fidelidad esperada por parte de su esposo, estaría ─por ejemplo─ entendiendo que ella estaría haciendo parte de un harén de 9 ó 10 esposas simultáneas de un mismo hombre, sin conocer el concepto de la fidelidad, ni ─menos─ de la exclusividad conyugal, ni de los celos.

Claro que cuando se afirma que somos esclavos de nuestro pasado, no por ello debemos renegar de él. Nuestro pasado y el de nuestros ancestros es plenamente válido, con la condición de que quede y actúe como pasado, sin dominar nuestro presente. Que nos dé base, pero que no nos obligue a repetir ciegamente sus esquemas. Aceptemos y abracemos con gratitud todas las influencias que han dado forma a nuestras vidas. Y ojo a esto: <<Ahora que siento la madurez de la vida, mi deseo y propósito debe ser tomarla en mis manos y moldearla desde ahora como yo creo y quiero moldearla; pero, eso sí, con responsabilidad y valentía>>.

Y otro aspecto. Aunque todos los elementos de nuestra personalidad pueden ser de segunda mano, la mezcla que en cada uno de nosotros constituyen, es única. Y esa mezcla es nueva, es individual. Y lo que propongo es que de aquí en adelante sea yo quien defina la mezcla, sea yo quien decida cuáles son los elementos de mi mezcla, y cuáles los que van a ser descartados, siendo yo quien controle las proporciones de la mezcla según mi responsable criterio y decisión personal. El día comienza cuando me despierto. Hasta ahora eran pinceles extraños los que pintaban el lienzo de mi vida; desde ahora quiero usar mi propio pincel.

22.5.13

AMAR NO ES ANULARSE SINO CRECER DE A DOS


Ciertas mujeres (no todas desde luego) cuando consiguen marido, dejan de estudiar, dejan de profesionalizarse… entran en una etapa de estancamiento; se convierten en las doñas de los oficios domésticos, obedientes al precepto que reza “las mujeres casadas deben estar en casa con sus hijos”. Algunas mujeres desean, como esposas, seguir estudiando y progresando pero, muchas veces, terminan aceptando, impuesta y sumisamente, su nueva condición doméstica… ¿Quién dijo que para establecer una relación afectiva uno de los dos debe encarcelarse? ¿De dónde surge la idea que algunos(as) conciben en el sentido de que el amor implica estancamiento? ¿Por qué algunas personas después de casarse abandonan el vigor de sus intereses vitales? ¿Realmente el vínculo afectivo requiere estos sacrificios...? Los preceptos sociales han hecho desastres. Amar no es anularse, sino crecer de a dos. Un crecimiento donde las individualidades, lejos de opacarse, se destacan.

Algunos individuos sienten celos de que su pareja disfrute sin estar ellos presentes. Ridículo. Por ejemplo, para los típicos hombres machistas es inconcebible que su esposa o novia tenga otras fuentes de diversión distintas a ellos. Les permiten algunas actividades secundarias, pero siempre y cuando no infrinjan el permiso. Es más, cuando ven que la mujer ha encontrado una vena vocacional o académica que pueda convertirse en pasión y catapultarla, se asustan estos maridos: “Debo ser el centro de su vida”, o, lo que es lo mismo: “Necesito disminuir su sensibilidad y su posibilidad de superación para que no se aleje de mi lado”. Amputar la creatividad de la persona que “se ama” es la estrategia preferida de los inseguros.

Si tu pareja es creativa, trata de involucrarla en tus actividades; no en todas, pero sí en algunas. Si es tiesa, conservadora, insegura, frenada o quedada ¡sacúdela! Escandalízala en el buen sentido. Ponla a saltar al compás de una vida más inquietante y emocionante: ¡despéinala en público!, si son de los que van a misa, ¡hazle cosquillas en misa!, impresiónala con un strip tease mal hecho o invítala a su propia fiesta sorpresa. Ríete, bromea y llénala de amor, al menos sabrás que no es de plástico. Pero si pese a todo sigue inmóvil e inmutable, no te detengas. Sigue explorando, descubriendo y “chismografiando” por tu cuenta. Es posible que si te ve independiente y feliz, se le mueva el piso y recapacite… Y si no es así, definitivamente pregúntate si realmente estás con la persona adecuada y conveniente.

Pero espantoso si los tiesos, conservadores, frenados y quedados, son ambos. Ahí sí, en ese caso, como dice el refrán: “apague y vámonos”.

21.5.13

¿QUIÉN QUIERE UN BILLETE DE 100 DÓLARES SI ESTÁ SUCIO?


Inicio aclarando que el siguiente texto no es inédito mío, no es de mi autoría (contiene, sí, algunos arreglitos que le inserté); pero, dado que la analogía aquí expuesta es muy aplicable a las personas, decido transcribir y compartir el contenido:

Un famoso expositor comenzó un seminario en una sala con 200 personas, tomando un billete –nuevo- de 100 dólares entre sus manos. Él preguntó:

“¿Quién de ustedes quiere este billete de 100 dólares?”

Todos levantaron la mano.

Entonces él les dijo:

“Daré este billete a uno de ustedes ahora al medio día; pero, primero, déjenme hacer esto…”

Seguidamente, procedió a arrugar el billete. Con sus manos lo arrugó bastante, y preguntó:

“¿Quién, así, todavía quiere este billete?”

Las manos -todas- volvieron a levantarse.

Y el expositor continuó:

“Ajá… Con que lo siguen queriendo; entonces ahora haré esto…”

Dejó caer el billete al piso y comenzó a pisarlo, a apisonarlo, zapatearlo y aplastarlo.

Después recogió el billete ya muy sucio de tanto pisoteo y, además, bastante arrugado. Y preguntó:

“¿Y ahora, así como quedó quién lo quiere?”

Todas las manos volvieron a levantarse.

Entonces, con el billete en la mano, caminó hasta una matera que adornaba el salón, sacó una pequeña cantidad de tierra, la humedeció con agua de un vaso, y fabricó un barro. Ese lodo se lo restregó al billete hasta hacerlo un asco.

Y se volvió a dirigir a los asistentes:

“¿Quién todavía, ahora, va a querer este billete…?”

Y todas las manos volvieron a ponerse en alto.

El expositor miró a la audiencia y les dijo:

“No importa lo que yo haga con este billete de dinero, por mucho que lo embadurne ustedes continuarán queriéndolo ¿verdad?. ¿Y saben por qué?... Eso es porque él NO PIERDE EL VALOR… Esta situación también pasa con nosotros. Muchas veces, en nuestras vidas, somos aplastados, pisoteados y sentimos que no tenemos importancia. Pero eso NO DEBE importar; JAMÁS PERDEREMOS NUESTRO VALOR, sucios o limpios, aplastados o enteros, gordos o flacos, altos o bajos, NADA DE ESO DEBE IMPORTAR!!! Nada de eso altera la importancia que tenemos… El valor de nuestras vidas no se da por nuestra apariencia externa ni por lo que aparentemos ser, sino por lo que creemos, por lo que discernimos, por lo que pensemos, por lo que sabemos y por lo que hacemos.